Primera actuación de la ANIDAN-Bloko del Valle Juniors Band, en una fiesta privada

Por la mañana, clase teórica de Iker… hay que aprovechar al máximo su estancia y lo tenemos casi “explotado”, pero está feliz viendo los progresos. También aparecen los de VOCES a grabar un pequeño reportaje.

 A las 4 de la tarde hay un espectacular dhow esperándonos en el embarcadero. Nos lo cede una elegante señora inglesa, que se desvive por los niños. Refrescos para todos y en marcha hacia las playas de Manda. Vamos a actuar en una fiesta privada, organizada por Satán en el Diamant Beach, en la zona rica de la isla y en un marco idílico, con puesta de sol incluida.

A las 6 en punto de la tarde y siguiendo escrupulosamente el horario (por primera vez) comienzan a sonar los tambores. Las ganas y las caras de felicidad del grupo contrastan con las miradas sorprendidas de los invitados. No dan crédito a lo que están viendo y oyendo. Están todos los médicos, dentistas (que por fin salen de su claustro) y enfermeras: Elena, Bea, Airam, Marcelo, Lorella, Jaime, Fernando, casi todo AfriCable (otra ONG española) y muchos invitados con su refresco en la mano y que no llega a la boca, porque sería un instante que se perderían de la actuación. La ANIDAN-Bloko del Valle Juniors Band, dándolo todo: tocando, cantando, bailando e interactuando con el público, bajo la dirección de Unai, que a pesar de su lesión en un tobillo, también se entrega sin tregua. Es una actuación trepidante que tiene, para nosotros, a cuatro personas muy importantes: por un lado, María Parga (la jefa) con Antonio y Miguel Selas a los que la sonrisa les daba la vuelta a la cara y que ni pestañeaban: casi babeaban de orgullo y por otro a Iker Sánchez, el director de la Euskadiko Ikasleen Orkestra-EIO (Orquesta Joven de Euskadi) que era la primera vez que les veía actuando en serio y a tope… se le veía esa cara de satisfacción que se le pone, cuando ve en directo lo que va a pasar, primero en Italia y luego en Euskadi y Madrid. Y nos hace el siguiente comentario: “es increíble como ha conseguido Unai montar este grupo, en menos de tres años”.

Los invitados disfrutando de una noche de ensueño, los niños de felicitaciones, pizza y refrescos y baile y nosotros, los de ANIDAN (nos faltan, sobre todo, Rafa, Nyewana, Ugo, Claudia, Erika, Ricardo, Luly y Ana), con un nudo en la garganta y una felicidad indescriptible. Esto hay que verlo, para no poderlo contar.

Y a una hora prudencial, vuelta a casa bajo un cielo estrellado, mar en calma, en silencio y con un montón de sueños de futuro que flotaban entra las cabezas de todo el grupo.

Advertisements

Cada mañana tiene sus expectativas.

La de hoy, no empieza bien. Iker se reúne con el grupo, para su clase, pero hoy no tienen su día… no están receptivos. Iker se enfada con ellos, les pide colaboración y les dice que si ellos no responden y trabajan a tope, se va. Y lo hace. Se quedan perplejos, porque no ha habido ni un grito, ni un mal gesto. Enseguida van a pedirle perdón.

Unai ha ido al pueblo a reunirse con el herrero que queremos que empiece a fabricar los tambores (Iron man) y nada más volver, reúne al grupo y les habla claro. Poder tener aquí a Iker es un ”regalo” que tienen que valorar. Poder tener los instrumentos que tienen es otro regalo y poder pertenecer a ANIDAN es mucho más que un regalo que tienen que merecer. Hace un repaso al material y les dice que vayan buscando bidones de plástico y latas, porque es con lo que van a tocar hasta noviembre. Si para entonces no está todo el material a punto, no llegarán más tambores. Caras largas, ojos bajos y una seriedad poco habitual en el grupo. Luego les da la clase de 4 horas, con un descanso de 10 minutos y todos responden.

Les cuesta, pero poco a poco, tienen que entender que las cosas no caen del cielo y que hay que trabajar mucho y creer en lo que haces, para llegar a cualquier lugar. SI SE PUEDE, pero hay que buscarlo con ganas.

Las buenas noticias del día, son la incorporación de los dentistas tras su fuerte gastroenteritis, a las repletas consultas. Jaime  totalmente recuperado y Fernando casi… una larga jornada sin tregua, lo mismo que en el hospital, donde las salas de espera están repletas y Elena, Bea, Marcelo y Lorella se multiplican. Casi ni comen. Y llegan Antonio y Miguel Selas, pader y hermano de Rafa. Llegan como los reyes magos, con el cansancio en los semblantes y cargados de material.

Ah y por la mañana nos encontramos con “Chicote”, el cocinero de moda de la TV, que se aloja en el Red Peeper, el hotel de Fernando y nos dice, muy majete, que pasará por ANIDAN.

Ya por la noche, cenita tranquila y compartimos un refresco con los masais que cuidan de nuestra seguridad.

La ANIDAN-Bloko del Valle Juniors Band toca en Manda

Programa: Salida a las 12.00 y tocar a las 13.00. A las 13.30, todavía no habíamos salido. La marea estaba muy baja y no hubiéramos podido acercarnos al embarcadero.

Aparte del grupo, se apuntan los voluntarios y médicos, así que partimos en dos embarcaciones: el dhow y la ambulancia de ANIDAN. Unos 40 minutos nos separan de Manda. Navegamos entre manglares y en un recodo aparece el pueblecito donde nos han invitado a tocar. Es el lugar donde se extraen los bloques de coral que se utilizan en las buenas construcciones de la zona.

El escenario es de lo más curioso. Bajo un gran árbol ponen unos bancos de madera, unas cuantas sillas de plástico y el equipo de sonido a todo trapo. El motivo es recaudar dinero para ayudar a un chico del pueblo que ha conseguido una beca para estudiar en EEUU criminología. La gente no se anima a acercarse y están situados en las puertas de sus casas, protegidos del sol y con caras poco expresivas hasta que empiezan a sonar los tambores. Se empiezan a animar. Luego canta Kimani dos temas y le sigue una laaaaaarga “interpretación” de los dos presentadores, animando a los donantes.

Viendo que la cosa no parece tener fin, María les pide que toquemos la última parte y salimos de pasacalles hasta el embarcadero. A los barcos y de vuelta. El dhow, con toda la banda y los tambores, se convierte en un improvisado escenario y empiezan a sonar todo tipo de ritmos, cánticos y danzas, con un atardecer de ensueño y un marco idílico de playas y manglares.

Ya por la noche y tras la cena, reunimos a todos los niños bajo el gran mango donde habíamos colocado a Yumo (nuestro ser de la leyenda). Badru la lee en ingles y Fatma la va traduciendo al swahili. Todos sentados sobre la arena, callados y atentísimos siguen el relato. En esa semioscuridad, solo se ven un montón de ojos blancos que casi no pestañean y, al finalizar, Badai (nuestro masai de verdad) enciende su potente linterna enfocando a YUMO, que está justo encima de sus cabezas… una exclamación al unísono rompe las últimas palabras de Fatma y se vislumbra fascinación al entender que todo lo que habían escuchado, podía ser verdad. Un escalofrío nos recorre la espalda de abajo a arriba y nos deja con la sensación de que igual dentro de unos años esta historia, que ha nacido en ANIDAN, se repite y repite y se convierte en la leyenda de Lamu.

Cuenta la leyenda…

P1060094   Os presentamos al nuevo “masai” contratado por ANIDAN. Es el “masai” perfecto… siempre vigilante, atento y en guardia… ni come ni duerme… pero no tiene nombre…

Cuenta la leyenda…

Las callejuelas de Lamu estaban casi vacías. Un sol de justicia hacía que sus habitantes estuvieran recogidos en sus casas Sólo se veía algún burro vagando errante y se oía el alboroto de los murciélagos alrededor de su árbol preferido. Al fondo el rumor del mar.

De pronto se cubre el cielo y empieza a sonar un ruido sordo producido por la lluvia rompiendo sobre los tejados de hoja de palmera de la ciudad. Una tormenta tropical en toda regla que nos hace refugiarnos en un pequeño café local. –Jambo- oímos desde un rincón donde se encontraba un señor mayor, mirada limpia, pelo blanco, una especie de chilaba blanca y piel muy oscura. –Jambo- contestamos y nos sentamos a su lado a compartir un té swahili (té con leche y jengibre, exquisito y un poco picante)…

Tras los ceremoniales saludos de rigor y la constatación de que nuestras familias estaban bien, vamos entrando en otra serie de cuestiones, como de donde somos, que hacemos y cuál es nuestra religión. Poco  a poco se interesa por nuestro trabajo y por cómo se vive en nuestro país. Entre sorbo y sorbo (está muy caliente) la conversación se anima y el tiempo se para. Fuera sigue lloviendo, pero casi no nos damos cuenta, salvo por alguna gotera que se cuela entra las hojas de la cubierta.

Y sin venir a cuento nos dice: ¿Quieren que les relate una historia? Levantamos las cejas sin decir palabra como signo de aprobación y, de alguna forma, nos sentimos como niños preparados para escuchar con los cinco sentidos

Hace muchos años un joven padre con sus dos hijos (chico y chica) salieron a pescar por  los manglares de Manda. Era su trabajo. Cada dos días, preparaban el pequeño dhow (embarcación a vela local) y partían en busca del sustento familiar, consistente en moluscos y pequeños peces, muy abundantes en la zona. El dhow tiene un alto mástil que sujeta la vela y no es lo más indicado para adentrarse en los manglares, pero él, los conocía perfectamente. Cada día tomaba un itinerario diferente para no esquilmar ninguno y sólo cogía lo necesario para su alimentación.

Ese día tomo un rumbo poco habitual y fue adentrándose hasta que el paso se fue cerrando. Los manglares formaban como un túnel que se iba estrechando. En un momento, el mástil se enredó con las lianas y empezó a subir la marea muy rápidamente, había luna llena. Vió que la cosa se ponía fea y sacó a los niños del barco, subiéndolos a un enorme árbol, ordenándoles no moverse.

Él se dedicó a intentar liberar el mástil de la maraña que le impedía moverse, hasta que un golpe de mar lo rompió. El dhow quedó a merced de las aguas y partió aguas abajo. Quedaros ahí, que vuelvo a buscaros, les dijo. Al bajar la marea volvió a por ellos, pero ya no estaban. Los buscó durante tres días sin éxito y volvió a casa hundido. “Los he perdido” dijo a su familia. Desde ese día , cada mañana salía a recorrer los manglares en su busca e iba dejando pistas, por un lado para saber por donde ya había pasado y por otra como reclamo por si ellos las veían. Eran palos de madera que siempre orientaba hacia la salida.

Un día, en uno de los recodos del manglar que tan bien conocía, se dio cuenta de que los palos no estaban. Pensó que se los habría llevado alguna crecida y volvió a colocarlos, pero esta vez los amarró. Esa  noche hubo otra fuerte crecida y volvió curioso al mismo lugar, al amanecer, para ver si seguían allí. No estaban.  Recorrió el manglar fijándose en las orillas por si los veía flotando, pero no hubo suerte. Esta vez se metió hasta donde nunca lo había hecho y se dio cuenta de la marea subía, por lo que decidió quedarse a dormir con el dhow bien amarrado. El manglar tiene vida propia y sus ruidos, sobre todo de noche, no le tenían demasiado tranquilo, por lo que estaba muy alerta.

En un momento le pareció oir lo que parecían unos golpes secos, que se repetían, pero no hacía viento. Y se repetían. Cada vez los oía más claros y acompasados. Esperó a que amaneciera de nuevo para tratar de acercarse a ellos, pero al salir el sol dejaron de sonar.

Volvió a casa y se procuró todo lo necesario para pasar en el manglar las noches que fueran necesarias, con sus otros dos hijos mayores, para llegar a ese sonido. Partieron de inmediato. Volvieron al lugar desde el que oyó los golpes y escudriñaron cada rincón, sin ningún resultado. Tampoco oyeron nada. Se prepararon para pasar la noche y justo al caer el sol comenzaron los golpes, pero esta vez tenían una cadencia recurrente. Dejaron la seguridad del dhow y se adentraron a pié por el manglar, conscientes del peligro, pero atraídos por aquel sonido. Cada vez lo sentían más cerca y eso animaba su curiosidad. Cuando ya lo sentían delante, un muro de ramaje les impedía el paso, por lo que sacaron sus machetes y empezaron a abrirse paso. Empezaba a amanecer y cesaron los sonidos. Cuando por fin atravesaron el muro, se encontraron con un extraño claro, donde había un lecho de hojas con dos pequeños durmiendo. A su lado había frutas frescas y un montón de palos, los mismos que él había ido dejando como señal. Los niños estaban bien y despertaron sorprendidos por los gritos del padre.

A su vuelta, y poco apoco, los niños fueron contando como unos seres extraños los habían llevado hasta allí, salvándoles de la crecida y que cada noche les dejaban comida y tocaban con los palos sobre los troncos para auyentar a los animales.

Nunca vieron más que sombras y nunca nadie volvió a saber nada de ellos.

Al acabar el relato, nuestro relator se calla y nos dice: la niña era mi abuela y me lo contó muchas noches al acostarnos. Yo lo quiero transmitir, pero nadie me cree… asante sana por escucharme… y se fue no sin antes invitarnos a nuestros tés.

Con los datos que nos dio, hemos hecho esta reproducción de uno de esos seres al que hemos bautizado como Yumo y hemos colocado en uno de los enormes mangos de ANIDAN, para que nadie los olvide.

P1010854

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El camino entre ANIDAN y el pueblo

El camino entre ANIDAN y el pueblo, que recorremos cada atardecer para ir a cenar, se hace paralelo a la playa. Se atraviesa Wiyoni, que conocimos como un pequeño poblado y que se está convirtiendo en parte del pueblo. Las nuevas casas se construyen sobre la arena de la playa, con bloques de coral y cemento. Estas son casas fuertes que contrastan con las anteriores de adobe y hojas de palmera. En cada viaje vamos constatando un crecimiento poco normal.

El otro día, el camino se hizo especial, gracias a la luna llena. Todo tenía otro color y al oscurecer, la playa brilla y el mar reproduce todo tipo de brillos de nuestro satélite. La brisa y el olorcillo a comida de los puestitos callejeros animan el paso. Cada persona que cruzamos, nos saluda. “Jambo” “Jambo”. Nos conocen, somos de ANIDAN. Los niños nos ofrecen sus manos y unas pedazo sonrisas que te hace sentirte como en casa. Nos cruzamos con burros, unos cargados y con paso firme y otros vagando tras el trabajo del día, buscando algún desperdicio. Llegamos a la calle principal (de unos 2 metros de ancho), llena de pequeños comercios a  media luz y con sus propietarios en la puerta ofreciendo sus productos… bueno, eso era antes cuando nos tomaban por turista. Ahora son solo amistosos saludos.

A finales de 2011, el turismo desapareció como consecuencia de dos secuestros de turistas. En noviembre de 2012 no había casi nadie y nos preguntaban: Porqué no vienen los turistas? Ahra ya está volviendo y eso se nota en la animación del embarcadero y del paseo marítimo, que ya tiene una parte adoquinada. Hay cinco bancos (antes solo había uno) y la vida sigue. Continuo ir y venir de pequeños botes, con mercancías o repletos de gente, como taxis.

Este paseo, al anochecer es punto de reunión para charlar y comentar las vicisitudes del habitualmente caluroso día. Nosotros procuramos ir alternando cada noche diferentes locales, donde ya nos reciben como si fuéramos de la zona.

Tras la cena, otro paseo hasta casa (son 20 min) y subimos al “maputi” que es la parte alta de la casa, techada con hojas de palmera y abierta para que corra el aire, donde se finaliza el día mirando hacia la playa y es donde comentamos el día y preparamos la jornada siguiente, en la que, casi con seguridad, algún imprevisto nos hará cambiar de plan.

Unos vienen y otros se van…

Ayer llegaron los dentistas y hoy a primera hora ya estaban trabajando… una gente estupenda. Todo muy organizado, con los mayores de apoyo. Esto da otra vida al hospital, donde Lorella, Marcelo, Bea y Elena, no paran.

En el Tamarindo, ya suenan los ritmos. Unai e Iker están dando caña a los juniors, que, a pesar de llegar tarde de Mombasa, estaban todos preparados… y no saben lo que les espera. Ahora mismo siguen sonando los tambores. La verdad es que es una ardua labor. Adaptar un concierto para músicos a nuestros niños, no va a ser fácil. En un momento, Iker les dice ¿porqué estáis tan serios? Hace referencia al vídeo que vieron de la orquesta, donde ninguno de sus miembros sonríe e Iker les señala como algo que ellos sí pueden hacer y hacen. Unai le responde que esa seriedad, es solo para los ensayos y denota su total atención. Por la mañana clase de técnica y por la tarde de ritmo (es lo que estoy oyendo). Los profes salen contentos y van dando forma a lo que veremos en la gira. Hay que hacer alguna adaptación, con permiso del compositor, Donato Goyeneche, que facilite la comprensión a los componentes de la ANIDAN-Bloko del Valle Juniors Band.

Almediodía se marcha Alina, una de las voluntarias que se ha encargado entre otras cosas de los talleres de informática.

Hoy vamos a construir un sencillo juguete de madera. Al principio como que no lo veían nada claro, pero unos dibujitos en la pizarra, para que vieran lo que íbamos a realizar y la propuesta de empezar a desembrollar los cables reciclados que utilizaríamos para unir los pequeños trozos de madera, ha empezado a funcionar. Le ha tocado a Rafita ser poseedor del objeto en cuestión… si viérais su cara… hoydormirá con él, ya que sólo lo ha soltado para coger las baquetas…

Amanece gris y lluvioso.

Fresquito para ser Lamu, pero enseguida sale el sol y empieza a calentar. Nos llama Saji, desde Mombasa, y nos cuenta que el viaje de 8 horas en bus fue muy malo. Varios se marearon y se pasaron el viaje vomitando… no están acostumbrados… Iker comenta que el viaje es duro y eso que es viajero experimentado.

En ANIDAN, seguimos con los trabajos. Unai se dedica a los childrens, ya que en cuanto vuelvan los juniors, se va a meter a saco con ellos. Intensivo mañana y tarde (lo que no les a hacer ninguna gracia, porque están de vacaciones y la playa tira) pero suponemos que la ilusión de la gira puede paliarlo un poco.

Por la tarde hay visita VIP. Se acercan hasta el TAMARINDO MUSIC ARENA (nombre que les hace mucha gracia, hasta que les explicamos que están bajo un enorme tamarindo, oyendo música y sobre un suelo de arena). Se quedan boquiabiertos presenciando un ensayo, dirigido por Amina (con el apoyo de Unai). Viene con ellos una niña con cara de susto y que no parece muy dispuesta a integrarse, pero el resto no para de hacer fotos y grabar video. Traen unos regalos para los ganadores de las pruebas deportivas realizadas el fin de semana en la playa.

Ya por la noche, conocemos a los dentistas voluntarios que van a trabajar sin descanso 15 dias, tratando a todos los pacientes de ANIDAN, Lamu y alrededores que puedan y aparece un pedazo luna iluminando las instalaciones. ¡¡¡Un lunón!!!. En el cielo hay algunas nubes que hacen que cambie la iluminación y le dan un tono misterioso. El incesante ir y venir de las sombras de los niños sobre la arena, se asemeja a un hormiguero descontrolado. Nos quedaremos esperando a Iker y los juniors que llegan sobre las 12 de la noche, debido a un retraso del bus y tienen mucho que contar. Lala salama.