El camino entre ANIDAN y el pueblo

El camino entre ANIDAN y el pueblo, que recorremos cada atardecer para ir a cenar, se hace paralelo a la playa. Se atraviesa Wiyoni, que conocimos como un pequeño poblado y que se está convirtiendo en parte del pueblo. Las nuevas casas se construyen sobre la arena de la playa, con bloques de coral y cemento. Estas son casas fuertes que contrastan con las anteriores de adobe y hojas de palmera. En cada viaje vamos constatando un crecimiento poco normal.

El otro día, el camino se hizo especial, gracias a la luna llena. Todo tenía otro color y al oscurecer, la playa brilla y el mar reproduce todo tipo de brillos de nuestro satélite. La brisa y el olorcillo a comida de los puestitos callejeros animan el paso. Cada persona que cruzamos, nos saluda. “Jambo” “Jambo”. Nos conocen, somos de ANIDAN. Los niños nos ofrecen sus manos y unas pedazo sonrisas que te hace sentirte como en casa. Nos cruzamos con burros, unos cargados y con paso firme y otros vagando tras el trabajo del día, buscando algún desperdicio. Llegamos a la calle principal (de unos 2 metros de ancho), llena de pequeños comercios a  media luz y con sus propietarios en la puerta ofreciendo sus productos… bueno, eso era antes cuando nos tomaban por turista. Ahora son solo amistosos saludos.

A finales de 2011, el turismo desapareció como consecuencia de dos secuestros de turistas. En noviembre de 2012 no había casi nadie y nos preguntaban: Porqué no vienen los turistas? Ahra ya está volviendo y eso se nota en la animación del embarcadero y del paseo marítimo, que ya tiene una parte adoquinada. Hay cinco bancos (antes solo había uno) y la vida sigue. Continuo ir y venir de pequeños botes, con mercancías o repletos de gente, como taxis.

Este paseo, al anochecer es punto de reunión para charlar y comentar las vicisitudes del habitualmente caluroso día. Nosotros procuramos ir alternando cada noche diferentes locales, donde ya nos reciben como si fuéramos de la zona.

Tras la cena, otro paseo hasta casa (son 20 min) y subimos al “maputi” que es la parte alta de la casa, techada con hojas de palmera y abierta para que corra el aire, donde se finaliza el día mirando hacia la playa y es donde comentamos el día y preparamos la jornada siguiente, en la que, casi con seguridad, algún imprevisto nos hará cambiar de plan.

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